El estudio de la psiquis animal es un tema que presenta algunos avances. Sin embargo, es una tarea de alta complejidad, dado que difícilmente podemos comprobar las respuestas mentales ante determinados estímulos.

No obstante, la larga interacción del hombre con los animales (en particular con sus mascotas) lleva a plantear algunas situaciones que podemos definir como depresión animal.

Uno de los problemas psicológicos más frecuentes en los perros es la depresión: Un cuadro caracterizado por la disminución de toda la actividad psíquica que perturba, en especial, al componente afectivo. El problema de esta enfermedad, comparada con la que afecta a las personas, es que existen escasos antecedentes referidos a las respuestas ante los tratamientos, ya que no es posible comunicarse con nuestros perros, al menos en este contexto.

Existen numerosas líneas de investigación que apuntan a entender las causas que llevan a la depresión animal y los resultados existentes priorizan  al amo como principal responsable, al relegar a la mascota a un segundo plano y no prestarle la atención necesaria.  Hace tiempo atrás en Santiago un perro atacó a un lactante con tristes resultados,  los dueños al explicar el incidente declararon que la presencia de la guagua provocó cambios en la conducta de su mascota,  su instinto lo llevó a manifestar de esa manera la marginación afectiva de parte de su amo.

Al igual que el cuadro que afecta a la especie humana,  existen dos tipos de depresión en los perros. La endógena se caracteriza por la ausencia de motivaciones externas, por lo que se puede afirmar que tiene una causa genética. Por el contrario, la depresión exógena, que es la más habitual, es consecuencia directa del entorno y puede tener causas muy variadas. Al respecto los propietarios de mascotas, en particular perros, los integran a la familia con afecto,  actitud del todo noble y respetable. El problema es que muchas veces no le asignan el sitial que les corresponde. Un perro debe ser parte de la familia, pero siempre el último eslabón. No se debe malinterpretar este concepto, pues cuando el animal asume su lugar en la familia,  no asimilará negativamente cambios como el que ocurre cuando llega un nuevo miembro a esta. Por otra parte no es recomendable el desarrollo de  conductas extremas de los amos,  como permitir que los perros duerman en los sillones o junto a ellos en su dormitorio. Esto no solo tiene una connotación de prevención de conductas de riesgo del animal, sino también de evitar problemas sanitarios. No olvidar que muchas enfermedades del animal se pueden transmitir a las personas.

Los perros enfrentados a situaciones de cambios de ambiente pueden experimentar depresión. En especial cuando dejan de  ver a sus amos, con los que han compartido una parte importante de su vida.  Existen  algunos reportes que hablan de perros que ante la muerte de sus dueños no abandonan las sepulturas hasta que ellos mismos fenecen. Somos testigos de grandes historias de perros y amos que constituyen notables ejemplos de fidelidad y cariño. 

Pero no solamente los perros experimentan situaciones de depresión. Los loros, por ejemplo, cuando dejan de ver a sus dueños suelen expresar tristeza con cuadros de inapetencia y  caída de plumas, incluso, llegando a morir.  La larga  historia de convivencia del ser humano y  los animales  obliga a los más sapientes del reino a tratar de entender la “lógica del instinto”.

Fuente: http://mpaez.diarioeldia.cl/?p=107